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viernes, 24 abril 2015
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NI RÁPIDO NI FURIOSO SLOW FASHION

¡El término lo acuñó en 2007 la inglesa Kate Fletcher, una activista del diseño. Este año, la crítica de modas Suzy Menkes destacó la propuesta de “moda lenta” del indio Rahul Mishra, quien ha buscado equilibrio entre hombre y naturaleza. Y en Chile también hay exponentes; la diseñadora Natalia Yáñez nos habló sobre esta tendencia que trata de creaciones contemporáneas sobre una base ética y consciente.

 

Phoebe Philo es fantástica y tiene miles de seguidores. Incluso tiene un séquito de “philophiles”, fanáticas que andan por el mundo en pos de su “cleaner kind of chic” –chic limpio y sobrio– aplauden su estilo de vida y su compromiso con el regreso a lo artesanal, sus líneas gráficas y los tonos neutros. Pero, además de haber conquistado el espíritu de quienes prefieren lo minimalista impecable, pero sin estrés, tiene otra virtud: también la quieren los adeptos al Slow Fashion. Y eso no es menor, porque de la misma manera que el movimiento Dogma –con Lars von Trier– apareció en el cine en los 90 con sus mandamientos ultra puristas, este grupo –vinculado a las puntadas a mano, los materiales de calidad, lo anti masivo y lejano a cualquier explotación– ha ido tomando forma con el tiempo y está dando su batalla sustentable… sin apuro, casi en silencio, pero de manera precisa. Como las puntadas. En la última semana de la moda de París, la periodista y crítica de moda Suzy Menkes –la de la coqueta melena con tupé– nuevamente destacó en la versión digital de Vogue París la colección del diseñador indio Rahul Mishra, quien ha declarado que lo suyo es la moda lenta, tomando tiempo en sus procesos de producción para crear “hermosas historias”. Para la Menkes, su show logró un equilibrio entre el hombre y la naturaleza. El comienzo “slow movement” fue en 1989, cuando un McDonald’s osó instalarse en la Piazza di Spagna de Roma. Tal fue el escándalo, que el italiano Carlos Petrini fundó el movimiento “Slow Food”, apostando a una gastronomía que reivindica lo local, la factura artesanal, y que incentiva el derecho al placer y al gusto. Como esto, por definición, no va rápido y P debe decantarse a fuego lento, empezaron a gestarse distintas vertientes del concepto, incluyendo el “Slow Design” (2002), un término creado por el diseñador Alistair Fuad-Luke. El momento de la moda fue cinco años después, y fue la inglesa Kate Fletcher –considerada una activista del diseño, autora de libros como “Fashion & Sustainability: Design for Change” (2012)– la primera en hablar del “Slow Fashion”. Ella ha visitado Chile y es considerada una de las voceras internacionales de una propuesta que considera el exceso de ropa como algo innecesario, apostando, en cambio, por la durabilidad de las prendas.

 

 

Hecho en Chile

La diseñadora industrial y académica de la Universidad Diego Portales, Natalia Yáñez, es una de la chilenas que ha observado el fenómeno “slow” y ha investigado las técnicas artesanales populares, “ésas que son reconocibles por todo chileno”, un trabajo que ha ido por la senda del “Slow Design” y del nuevo lujo, donde lo que prevalece no es el precio, sino la manufactura no industrial. Eso es parte de una tendencia, no una moda. En el caso de Chile, Natalia explica que el “Slow Fashion” reconoce ciertas técnicas artesanales que se habían ido perdiendo y ahora son usadas para producir productos contemporáneos sobre una base ética y consciente. Lo otro es la transparencia de los procesos y la selección de materias primas con presencia en el contexto local. “Esto no significa que sean materias primas inocuas con el medio ambiente, sino que estimulen otras industrias productivas del país, que tu quehacer como diseñador mueva a otros, y se disminuya la importación y la exportación de materias primas. La gente tiende a pensar que una prenda de algodón 100 por ciento orgánico es sustentable, pero no es así, porque en Chile no tenemos algodón orgánico. El proveedor más cercano es Perú, donde producir piezas con ese material sí es sustentable. Pero para nosotros significa hacer un traslado aéreo o terrestre, con una emisión que resulta mucho peor que incentivar ese tipo de producción”. “Esto no ha sido inmediato”, continúa. “El ‘peak’ del ‘Slow Design’ se produjo, en un caso, en España con la crisis económica, porque cuando en un país no se pueden satisfacer las necesidades emocionales, entonces la gente las empieza a autoproducir. Eso llevó a la tendencia del hazlo tú mismo o el hecho en el mismo país, que luego se empezó a expandir y cada lugar lo fue adoptando a su modo”. Un dato importante es que España –“muy inscrita en el circuito mundial del diseño”– es uno de los países que más lleva la bandera del “Slow Fashion”, y en mayo próximo –8 y 9– desarrollará la cuarta jornada de moda sustentable en el Museo del Traje de Madrid. La diseñadora Gema Gómez, por su parte, creó la plataforma de moda “Slow Fashion Spain”. Revisando el trabajo de Natalia se advierte de inmediato la factura “slow”. Por ejemplo, objetos o joyas que combinan crochet con cestería con embarrilado tienen un certificado de autenticidad donde queda claro los materiales y la técnica que usó, y el tiempo que le dedicó a su fabricación. Ahora, lo que Natalia advierte es que en la industria de la moda es difícil innovar respecto a materiales que respondan al “Slow Design”. Pero así como ella, son otros los diseñadores que están por esa causa y hay personajes como Phoebe Philo, que impulsan esta filosofía con sus creaciones depuradas, o periodistas como Suzy Menkes, que no dudó en calificar el desfile de Rahul Mishra como “un respiro”. Y eso lo escribió desde París.

Fotografía por Esteban Vargas.

Fotografías por Ronny Belmar

Collares hechos bajo las premisas del Slow Fashion de la diseñadora chilena Natalia Yánez.

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