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Lunes, 6 Abril 2015
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DE PARÍS AL MUNDO LA REINVENCIÓN DE CHANEL

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KARL L AGERFELD HA REINVENTADO UNA Y MIL VECES LOS ELEMENTOS FUNDAMENTALES CREADOS POR COCO CHANEL, PERO SU ESENCIA DE LUJO Y ELEGANCIA ES ETERNA...

 

Para ser, quizás, el diseñador más establecido del mundo, director creativo de dos marcas de larga historia y reputación –Chanel y Fendi–, Karl Lagerfeld continúa siendo a los 80 años un iconoclasta y un rebelde. Ama la historia, pero detesta la nostalgia y cada vez que puede vuelve a repetir que prefiere mirar hacia adelante que hacia atrás, y que el futuro, no el pasado, es la raíz de todo lo creativo. Por lo mismo, no tiene ningún problema en crear y recrear la imagen de Chanel sin sacrificar nunca su espíritu. La propia Coco fue, por supuesto, una revolucionaria; una feminista desde antes que el término feminismo siquiera existiera, una que liberó a las mujeres del corset y las faldas largas para darles un nuevo uniforme que, a pesar de ser profundamente femenino, les entregaba todos los privilegios del mundo masculino. Pero Lagerfeld, que ha estado a cargo de la marca desde 1983, ha llevado la revolución mucho más allá. Tomando los elementos fundamentales del look Chanel –la chaqueta de tweed, el blanco y negro, las perlas y camelias, la cartera 2.55– y reformulándolos temporada tras temporada para atraer una nueva generación, ha logrado un éxito que no tiene comparación en el universo de la moda contemporánea. Todo lo que lo rodea a él y a la marca es parte del imaginario cultural actual, incluyendo su gata persa, Choupette, que tiene su propia cuenta de Twitter con más de 31 mil seguidores. Su plan de dominación global se hizo público hace unas temporadas, cuando presentó un desfile montado en un escenario que parecía un planeta de metal completamente cubierto con banderitas con el logo Chanel, cada una representando una tienda en diversos puntos del mundo. En total había más de 300. Desde entonces, el creador ha aprovechado sus colecciones “Crucero” y de “Metiers D’art” –elaborada para demostrar la extraordinaria habilidad de las “petit mains” y artesanos de la marca– para crear un fabuloso circo itinerante que en los últimos años ha recorrido diversas ciudades, creando un espectáculo que, a estas alturas, se ha convertido en un ritual de moda, marketing, dinero y celebridad. Si tiene dudas, basta observar las imágenes del reciente desfile “Crucero” en una pequeña isla en Dubai, donde, a un costo de 1.6 millones de dólares, Chanel construyó un edificio temporal para presentar una colección de pantalones de odalisca, túnicas de seda y accesorios de inspiración árabe frente a un par de centenares de clientes y celebridades, incluyendo a Tilda Swinton, Dakota Fanning, Freida Pinto y un puñado de sheikas y princesas de los emiratos, algunas cubiertas en burkas, pero mostrando orgullosas sus carteras y pulseras Chanel. Flirteando con los estereotipos, Lagerfeld presentó a sus modelos con gigantescas melenas adornadas con lunas crecientes y arrastrando bolsos acolchados con la forma de un bidón de bencina. Kitsch o chic, decida usted. ¿Por qué Dubai? Porque ahí, en esa tierra donde hace treinta años no había más que arena y una que otra tribu nómada en busca de perlas, ahora se levanta un gigante económico sediento de lujo y exclusividad, un área del mundo que Chanel y Lagerfeld están decididos a conquistar con la más simple de las recetas: la adulación. “No me importa lo que diga el resto de la gente, me importan mis clientes”, ha dicho Lagerfeld en más de una ocasión con su acostumbrada asertividad. En su búsqueda de mercados, el diseñador fue el primero en organizar un desfile en la gran muralla china, para Fendi, y hace cuatro años presentó una colección llamada “Paris-Shanghai” en la bahía de esa ciudad China, un extravagante show repleto de referencias orientales, incluyendo blusas Mao, impresos de coromandel y sombreros de campesinos arroceros. El año pasado llevó el carnaval a Dallas, presentando a sus modelos en faldas de denim y tocados de plumas nativo-americanos en un rodeo inaugurado con la insólita imagen de Anna Wintour y Andre Leon Talley dando vueltas por el ruedo a bordo de un viejo convertible. Y antes de eso había montado espectáculos similares en Saint Tropez, Cap d’Antibes y el Lido de Venecia. Para muchos, la evidencia más clara de que Chanel ha decidido que la moda es un show, fue su reciente colección de otoño-invierno 2014/15, presentada en marzo pasado en el Grand Palais de París que, para bien o para mal, fue convertido ese día en un gigantesco supermercado con estanterías llenas de productos Chanel, incluyendo huevos y aceite. Fue una muestra de rampante mercantilismo presentado con elegante ironía. Nadie duda de que Chanel ha tenido un increíble éxito financiero con sus tácticas de diseño, creación y marketing, pero nadie sabe, por otro lado, a cuánto ascienden sus ingresos. La compañía pertenece a la familia Wertheimer, la misma que en 1924 llegó a un acuerdo con Coco Chanel para licenciar sus perfumes y, por lo tanto, no tiene obligación de dar a conocer sus números ni estadísticas. Sin embargo, una imagen vale más que mil palabras, y ver la doble C de Chanel plantada en medio del desierto frente al océano en Dubai revela no sólo un extraordinario éxito sino, además, una extraordinaria ambición. Lagerfeld, famoso por sus controvertidos “bon mots”, explicó su filosofía hacia la marca en una muy comentada entrevista con New York Magazine en 2006: “El respeto no es creativo”, dijo.

Diseño estampado colección Crucero Dubai.

Modelo “bidón de bencina”.

colección Crucero Dubai. Desfile otoño invierno 2014-15 realizado en el Grand Palais, en París.

MAQUILLAJE CHANEL EN LA COLECCIÓN CRUCERO 2014-15 EN DUBAI.

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